
(Nota: debido a mi impericia en las lides bloggisticas, este post fue re-publicado, la versión anterior clotió...sabotaje de los poderes en las sombras?, quien sabe...)
Una de las gracias de esto de tener banda ancha, es la posibilidad, al menos para mí, de revisar videos y discos que difícilmente podrían llegara a mis manos, al menos, gratis, no. Levántenle un monumento al tipo que invento youtube.
En vista y considerando que tenía una gran biblioteca, videoteca y discoteca frente a mi, como si fuera el registro akáshico, comencé la búsqueda de una película que marcó mi infancia, lo mas aterrador y angustiante que recuerdo haber visto alguna vez. Ya saben, esa interrogante de “¿me será tan fuerte ahora, como antes?” más grande, con mayor bagaje y con un poco menos de inocencia.
La película en cuestión se llama “Threads”, la que yo pensaba, era “El día después”, claro que al buscarla, me enteré que ese no era su nombre. Confusión de infancia, o estupidez de los programadores chilenos de los 80`s, quien sabe. Bueno, “Threads” es una especie de documental ficcionado sobre el ataque nuclear a una ciudad inglesa. Es una mezcla de relato argumental, con datos duros sobre las consecuencias del ataque. Es muy fuerte, amarga y cruda, creo que no la dimensioné tanto cuando chico. Es una muy buena película, ya que cumple el fin, tan necesario en esa época, de advertir sobre que es lo que pasaría si.
Y ahí saltamos al tema del post. No sé si todos los que fuimos niños en los 80, en los últimos años de la guerra fría, tuvieron el mismo terror infantil que tuve yo, porque el mío era ese, la guerra atómica. No fue un trauma creado por ver esta película, era algo que venía de antes. Quizás era porque en mi casa siempre se estaba como informado de lo que pasaba en el mundo, o porque pasaba tardes enteras leyendo las Revistas Muy Interesante de mis tíos, o por, simplemente la época en que me tocó crecer. O quizás, y muy probablemente, he sido un freak desde chico, y me preocupan cosas que a los otros cabros chicos de mi edad no…
Pero ahí estaba, la pesadilla habitual, era salir al patio, ver uno de esos grandes bombarderos, obviamente rusos, que tiraban su carga mortal sobre Santiago, dejando el característico hongo en el cielo, mientras todo era destruido, y me dejaba a mi, sólo, entre las cenizas.
Por suerte, nada de eso pasó. Ya no existen esas dos superpotencias con el famoso botón para ser apretado y volar al mundo por los aires. Los miedos globales fueron cambiados por unos más personales (y los globales fueron cambiados por otros). El mundo sigue aquí. Para pesar de unos, y alegría de otros.
Haz click aqui para ver Threads, pero no digas que no te lo advertí


